Reseña: Beautiful Boy – David Sheff (2008)


Un testimonio triste, sofocante y algo desesperanzador; pero no del todo.

Leer este libro y ver la película, es difícil, porque se trata de conocer la realidad de la adicción a las drogas desde el amor. Es un reflejo de la ardua tarea y el horror de ver cómo las personas que amas se hunden o van desapareciendo lentamente. Eso fue lo que tuvo que vivir David Sheff con su primer hijo Nicholas, su “Beautiful Boy”.

La drogadicción al igual que el alcoholismo, no han sido consideradas desde el ámbito cultural y popular, como enfermedades graves. Todos hemos escuchado las expresiones: “bomba social”, “problemática cultural”, “guerra contra las drogas”; condiciones que hacen parte de la sociedad y que se viven como producto de otra serie de problemas, pero de lo que no se habla, ni se le cataloga como un padecimiento.  En este punto podemos remarcar que la mayoría de las personas, aseguran que las adicciones son malas decisiones que los afectados tomaron en algún momento de sus vidas y que como ellos decidieron estar ahí, pues son los únicos responsables de superarlo y salir adelante. Este libro enseña que no es así (afortunadamente).

La historia de vida de Nic, como su amorosa familia le ha llamado siempre, no es para enseñar sobre fortaleza y superación, aunque podríamos verlo de esa manera, pero solo en una pequeña parte. Al leerlo te convences que esta historia trata sobre un viaje; un viaje de varios años en el mundo de las drogas, el proceso en el que se consolida la adicción, su padecimiento y las secuelas físicas, mentales y emocionales que producen, no solo en el adicto, sino en su entorno cercano.

Nic y David Sheff

Podemos adelantar que Nic es un joven muy afortunado; sus padres cuentan con los recursos disponibles y la educación necesaria para enfrentar este desafío y esta terrible enfermedad. Algunos dirán que este testimonio no deja de estar sustentado en el privilegio de una familia de clase media alta y que por ende no es un relato crudo sobre la adicción a las drogas. Personalmente considero que la intención del autor no se dirige a orientar la discusión sobre la drogadicción, solo quiere contar su historia y exorcizar el pasado oscuro y el miedo que agujereó su corazón al no saber qué hacer para salvar a su hijo.

De manera acertada, David se toma licencia para cuestionar muchos temas, que consideramos o damos por sentados, pero que, desde las experiencias de Nic, te acercan, conmueven y cautivan de manera especial. Hice una pequeña lista de los temas que consideré relevantes:

  • Se puede dar un ascenso escalonado y casi sistemático en el consumo de drogas, en el que el adicto pasa de las drogas culturalmente consideradas “inofensivas”, a las más complejas como las metanfetaminas.
  • Existe una imperceptible pero amplia facilidad de acceso a la obtención de drogas, por parte de los menores de edad en las escuelas y universidades (el amigo de un amigo de otro amigo).
  • Cualquiera puede sufrir una adicción, no depende únicamente del entorno, del fenotipo, del nivel económico o de las características genéticas. El testimonio de varios médicos deja claro que ésta es una enfermedad de la que se sabe poco.
  • La culpa acompaña siempre a los padres y a la persona que sufre la adicción; es difícil desprenderse de ella y de manejarla.
  • El miedo es constante y agobiante, para todos los involucrados.
  • Los programas de rehabilitación no se han terminado de inventar.
  • El ejercicio del juicio moral por parte de terceros no ayuda nada, y tampoco importa.

Abordando estos temas, David siendo escritor y periodista, procuró entrevistar a algunos especialistas en materia de adicciones y enfermedades mentales, para documentarse apropiadamente y poder escribir sus experiencias en artículos en The New York Magazine; pero como padre, tenía la imperiosa necesidad de contar con toda la información disponible para batallar con la adicción de Nic a las metanfetaminas y con los trastornos mentales que se fueron manifestando en el proceso. Como padre hizo todo cuanto pudo.

Timothée Chalamet y Steve Carell - Escena película Beautiful Boy (2019)

En esta historia tenemos la certeza de que Nic, despertaba demasiadas expectativas en sus padres, sus maestros y sus amigos, pues al parecer era un chico talentoso y disfrutaba de la escritura, la música y el cine (como cualquiera); pero se hundió en un torbellino de drogas que lo alimentaban de algo que creía necesitar y que después le fue quitando demasiado, incluso su propio juicio. Se destruía cada día y su padre en este relato no solo nos describe cómo era, sino también todo lo que sentía al ser testigo directo del desmoronamiento de uno de sus más grandes amores.

Nic vive una montaña rusa de subidas y bajadas en la que no se destruye solo; arrastra con él a muchas personas y en su historia puedes sentir su miedo, su angustia y su dolor. Su mente es un enigma y sus emociones son tan volátiles como una fiesta desenfrenada. Su historia no ha terminado, pero somos optimistas con los días que vendrán.

No pretendo afirmar con esta reseña que existe o no, una forma correcta de enfrentar una adicción,  o que el libro da pautas o consejos que deban aplicarse, pues no me encuentro ni académica ni moralmente facultada para ello (creo que David Sheff tampoco); lo que si puedo decir, es que la historia de Nic y David te llega al corazón y te despierta empatía, esa que tanto falta en el mundo, esa que le da la calidad de humanidad a los humanos.

“Nos decimos “todo” el uno al otro. Es la manera de decir te quiero, te extrañaré mucho, lo siento; es decir, el cúmulo de sentimientos que afloran cuando él viene y se va”.


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