Reseña: Una soledad demasiado ruidosa (1971)

"Esta es una reseña construida sobre algunas notas que dejé mientras iba leyendo. - 14 de enero de 2019"


Hace pocos meses me suscribí, por medio de una muy convincente oferta telefónica y a cambio de un módico precio, a recibir en casa un periódico nacional de prensa escrita el cual llega sin falta a mi puerta cada fin de semana. Me inicié en un ritual de adulto (tradicional) que me hace sentir bien y que me obliga a sacarle varios minutos al día para leer los artículos completos. ¡Qué experiencia! alcanzo a indignarme, luego respiro profundo, me recupero de mi indignación, seguramente me indigno de nuevo, lo supero, de pronto logro comentarlo con un par de personas y ahí si estoy lista para continuar mi rutina. Algunas veces y con mucha dificultad, alcanzo a llenar los crucigramas y unos cuantos sudoku.

Un fin de semana cualquiera, encontré un artículo de la sección cultural que se titulaba: "Amar los libros a medida que se destruyen". Lo encabezaba una fotografía en blanco y negro de un novelista checo llamado Bohumil Hrabal y de lo que serían sus últimos años de vida; en ella se alcanzaba a percibir algo de nostalgia, una tan profunda que en ese momento me permitió conectarme con él sin haberlo oído mencionar antes. El análisis que ahí se presentaba sobre un libro llamado Una soledad demasiado ruidosa me despertó curiosidad, me gustó el mensaje que dejaba el artículo y me decidí a buscar el libro hasta que lo encontré por encargo.

Se trata de un libro muy muy pequeño y la verdad me tardé mucho leyéndolo, al menos más tiempo del que me había propuesto cuando lo vi tan corto. Al iniciar noté que nunca antes me detuve a pensar que tipo o estilo de narrativa disfrutaba más o qué hacía de un libro una experiencia atrayente o extraordinaria; ese "no se qué" que no te deja soltarlo a medida que avanzas y con este me pasó algo que muy poco (o quizá nunca) me había sucedido y es que tuve que soltarlo más de una vez. En el proceso de soltarlo y volverlo a levantar, me di cuenta que adoro los diálogos, las interacciones de personajes, las historias dinámicas y esta en principio no lo es.

Pero no se angustien, no fue una demora decepcionante. La historia se encuentra completamente narrada en primera persona y por un hombre en extremo solitario; en medio de la monotonía de la narrativa y de lo pausada que puede resultar, Haňt'a (nuestro personaje) con su forma de ver la vida y la metáfora en que la transforma continuamente, fue quien no me permitió abandonar su historia en mi escritorio por mucho tiempo.

Entrar en contacto con la soledad es un acto al que pocos se atreven, en la mayoría de los casos sabemos de alguien que está solo, o anda sola porque tocó, ya sea porque se murió la familia, porque peleó con sus amigos (todos a la vez), porque se cambió de barrio, de ciudad o de país, porque enfermó y no se cuántas más posibilidades que no me voy a dedicar a enumerar. Pero lo que no nos han dicho es que muy pocas veces encontramos personas tan estrechamente conectadas con la soledad, que a todas luces sin ella no podrían permitirse la mera existencia.

Haňt'a  se dedica a repetir en todo el relato que lleva treinta y cinco años trabajando con papel prensado, pero lo maravilloso y hermoso de su historia es que lleva los mismos treinta y cinco años redescubriendo el mundo a través del papel que llega diariamente a sus manos en condición de basura, como parte de su trabajo de triturador: libros de literatura de todas las épocas, de autores conocidos y desconocidos, libros de filosofía, tratados, tesis, reproducciones de pinturas o de partituras, catálogos, manuales de instrucciones, escritos de nadie, y otro sin fin de elementos que no le permiten perder la esperanza pero que poco a poco lo van acercando a la locura. Se describe como un hombre sencillo y misterioso, lo cual resulta obvio, pero al mismo tiempo demasiado humano y sensible para la oscuridad que lo rodea de forma permanente: máquinas, basura y licor.

Al conocer a Haňt'a inevitablemente conoces la soledad de su creador y la paradoja del ruido en el que llegó a perderse. Cuando terminé el libro, busqué la biografía de Hrabal y me hice la pregunta que muchos otros se han hecho antes: si su muerte (que todavía es un misterio, según Wikipedia) fue accidental o no. La vida de Bohumil Hrabal se apagó a los 83 años al caer del quinto piso de un hospital y frente a este hecho existen varias versiones. Muchos dicen que se suicidó, otros tantos dicen que la vida fue muy generosa y le permitió morir accidentalmente alimentando palomas desde una ventana bastante insegura, pero todas convergen en un hecho: murió solo cayendo al vacío, de la forma en la que siempre había imaginado que sucedería y en la que muchos de sus personajes terminaron.

Me acuso de dejar volar demasiado alto mi imaginación en este punto, pero un libro que no te ponga a pensar un poquito más, seguramente no ha cumplido su propósito. 

"Los que trabajan con papel viejo no son humanos, de la misma manera que tampoco lo es el cielo, yo ya sé que alguien lo tiene que hacer, pero en el fondo mi trabajo se reduce a una matanza de inocentes."

Comentarios

Entradas populares de este blog

Reseña: Qué hacer con estos pedazos - Piedad Bonnett (2021)

Reseña: Cómo maté a mi padre - Sara Jaramillo Klinkert (2020)

Reseñas y penas