Reseña: Manual de Tolerancia - Héctor Abad Gómez (1988)
30 de julio de 2019
Debo empezar por decir que estoy convencida que este es un libro que todos, absolutamente todos los colombianos deberíamos
leer; no solo por la grandeza de espíritu de este médico progresista, sino por
la gran cantidad de conceptos, experiencias, postulados, notas y algunos análisis que
construyó sobre el comportamiento de las sociedades, y sobre aquello a lo que deberíamos
aspirar como seres humanos que vivimos en comunidad, una comunidad que ha convulsionado durante muchas décadas.
He llegado aquí por cuenta de la historia de Héctor Abad Gómez, su vida y su muerte, un relato maravilloso y conmovedor contenido en el libro “El
Olvido que Seremos”, escrito por su hijo como un acto de profundo
amor y reconciliación con su memoria, y que en el camino nos ha conmovido a muchos
y ha marcado el corazón de miles, llevándonos hasta las lágrimas e incluso a una profunda indignación. Espero poder escribir sobre él algún día, sin tanto dolor y con la responsabilidad que merece.
Creo fielmente que este Manual es una muy pequeña pero bien nutrida guía de cómo
ser una mejor persona y cómo hacer desde las pequeñas cosas, un mundo mejor
para todos. Me tardé en leerlo porque no es una historia con líneas de
continuidad; son varias ideas que un día encontró Héctor Abad Faciolince en el estudio que fuera de su padre y que de repente fueron tomando forma en servilletas de cafetería, pedazos de periódico, libretitas, libretotas, cuadernos, hojas sueltas y cuanta
superficie sirviera a Héctor para registrar lo que se le iba ocurriendo, o lo que iba
leyendo, o lo que experimentaba o simplemente aquello que de vez en cuando le
quitaba el sueño.
Y si, Héctor Abad Gómez era un hombre genuinamente generoso. Extremadamente generoso. No titubeó al empeñarse en hacer de las ideas sobre salud pública y el acceso a la medicina preventiva, un tema obligado en la discusión política. No dudó en debatir en todos los escenarios con el propósito de generar espacios para la concepción de una educación libre de prejuicios para todos. No abandonó sus proyectos por muy grandes que éstos fueran y por muy pequeño que sus detractores lo quisieran hacer ver, pues gracias a este Doctor en medicina, se emprendieron iniciativas como el año rural obligatorio para médicos recién graduados, promotoras rurales de salud, campañas de vacunación contra la poliomielitis y en una de estas campañas hasta sacrificar y poner en riesgo la propia salud y la de sus hijas, que hace parte de una anécdota memorable narrada por su entrañable hijo. Héctor Abad Gómez era el valor detrás del valor, aunque siempre sufrió con una epidemia que no logró combatir: la violencia.
Tengo un deber con Héctor Abad Gómez transcribiendo en esta reseña uno de sus deseos: "propender por una educación cuyo valor máximo sea el mismo ser humano"; por eso seguir exigiendo mejor educación, mejor condiciones en el sistema de salud, más inversión para ciencia, tecnología y cultura, y propender por una mejor calidad de vida para todos, es seguirle apuntando a la revolución de la tolerancia, de la bondad y de la empatía.
Y si, Héctor Abad Gómez era un hombre genuinamente generoso. Extremadamente generoso. No titubeó al empeñarse en hacer de las ideas sobre salud pública y el acceso a la medicina preventiva, un tema obligado en la discusión política. No dudó en debatir en todos los escenarios con el propósito de generar espacios para la concepción de una educación libre de prejuicios para todos. No abandonó sus proyectos por muy grandes que éstos fueran y por muy pequeño que sus detractores lo quisieran hacer ver, pues gracias a este Doctor en medicina, se emprendieron iniciativas como el año rural obligatorio para médicos recién graduados, promotoras rurales de salud, campañas de vacunación contra la poliomielitis y en una de estas campañas hasta sacrificar y poner en riesgo la propia salud y la de sus hijas, que hace parte de una anécdota memorable narrada por su entrañable hijo. Héctor Abad Gómez era el valor detrás del valor, aunque siempre sufrió con una epidemia que no logró combatir: la violencia.
Héctor Abad no era un
"hombre de bien", no era un partícipe activo del status quo; Héctor
era un problema pues como dice un aparte de su libro: "uno de los problemas de la sociedad siempre ha sido no saber
qué hacer con los artistas, intelectuales, pintores, escritores,
filósofos, científicos, catedráticos, literatos y pensadores", porque se oponen de
forma simple y poderosa al uso de la fuerza o a la implantación de ideologías; no saben qué hacer con ellos porque piensan distinto, porque van a
contracorriente del fanatismo; ese sentimiento oscuro carente de
argumentos y ausente de respeto y empatía, fanatismo que existe en contrapeso a
lo que nos permitiría ser mejores humanos porque afortunadamente también existe un lado luminoso de la fuerza: la tolerancia.
En sus ideas recogidas,
Héctor hizo un recorrido por la historia del mundo y de Colombia en algunos
momentos, pero también por las ideologías, por las religiones, por la
crianza vernacular y la educación formal; recorrió las costumbres, las formas
de vida familiar e individual, recorrió las necesidades de las familias
colombianas más vulnerables a quienes se les negó el principio de bienestar,
recorrió sus propias ideas sobre la medicina y sobre la prevención, recorrió
sus sueños personales y profesionales, su humanidad y su paternidad;
pero en medio de ese recorrido siempre estuvo la indignación y el sentido de
justicia y de compromiso con los derechos y con las necesidades de los
colombianos, por eso habló duro, fuerte, crítico y adolorido frente a las
injusticias y frente al crimen, así que al final de este manual el testimonio
de su hijo nos confirma que fue eso precisamente lo que le costó la vida.
Tengo un deber con Héctor Abad Gómez transcribiendo en esta reseña uno de sus deseos: "propender por una educación cuyo valor máximo sea el mismo ser humano"; por eso seguir exigiendo mejor educación, mejor condiciones en el sistema de salud, más inversión para ciencia, tecnología y cultura, y propender por una mejor calidad de vida para todos, es seguirle apuntando a la revolución de la tolerancia, de la bondad y de la empatía.
"Para los hombres y mujeres colombianos que no estén aún fanatizados escribo este libro".
"Las grandes revoluciones se hacen primero en la conciencia de los hombres"
"En una sociedad capitalista, por ejemplo, la salud es una mercancía que se compra por dinero, y quienes no lo poseen se tienen que contentar con atención de segundo orden o con ninguna atención a su salud."
"Perder la esperanza sería declararnos de una vez en el infierno. Pero no. Estamos en el mundo, y mientras haya vida, habrá esperanza."

Por fin la leí. Perdón la demora. Me gustó la estrategia de dedicarte a hablar de quién fue la persona para dar valor a los consejos, historias con enseñanza o crítica social que entiendo puedan estar contenidos en el libro, más que hablar del contenido del libro como tal. Por mi forma de antojarme de las cosas, me gustaría que contaras sobre una parte relevante en específico que te haya gustado, pero no niego me lleva a querer leerlo alguna vez.
ResponderEliminar¡Muchas Gracias por tus comentarios!, claro, me gustaría destacar los aspectos relevantes del libro, pero al principio pensé que era un poco como contarlo y volver la reseña un spoiler, porque el libro es bien corto y trata ideas sobre múltiples temas que tenían relevancia en los años 80s. Seguramente en las próximas reseñas intentaré destacar una o varias partes que sean bien relevantes, pues creo que como dices podrían antojar más.
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