Reseña: Hurra - Ben Brooks (2016)



Ben Brooks es como el título de uno de sus libros: “un chico que se atrevió a ser diferente”. He alcanzado a leer en varios portales Web que, con tan solo 26 años, este revolucionario ya ha cosechado los frutos de varias publicaciones, ha escrito tres novelas que le han dado la vuelta al mundo y ha puesto a los literatos a hablar de él, de sus historias, de sus proyectos, del camino que le falta por recorrer y por supuesto, de sus tatuajes.

Hurra, su última novela, no puede resultar indiferente. Aún con la necesidad actual de la literatura por lograr generar asombro en medio del letargo inevitable de vivir a través de las redes sociales; este libro es una bocanada de aire fresco. Frente a ese espejismo, que muchos creemos puede estarle ganando terreno a los libros y a las buenas historias, Hurra y Brooks nos demuestran que aún hay esperanza para aquellos que son más jóvenes y poco entusiastas. (Si me estoy poniendo vieja y ya pienso en las otras generaciones como los “menos entusiastas”)

Me estrellé de frente con esta historia un día cualquiera mientras rebuscaba algo interesante en una librería mágica y agradable. Es una casa antigua con libros en cada rincón, con las paredes atiborradas, las escaleras invadidas y los pasillos ocupados con pilas y pilas de libros de todos los tamaños, colores y formas. Un lugar donde es muy fácil perderse horas y horas, admirando colecciones y libros de editoriales de las que nadie ha escuchado o libros que son buenos pero que muchos no les han dado una oportunidad.

Debo confesar que de un tiempo acá he descubierto una adicción casi incontrolable por las ediciones de “Blackie Books”; pues sin temor a equivocarme puedo afirmar que son libros muy bellos y por lo general traen historias asombrosas. Algunas muy crudas, otras un tanto fuertes que contrastan con un diseño agradable y atrayente para cualquiera que lo encuentre en un estante. Cogí el libro y quedé medio hipnotizada, porque las rosas en su cubierta me hicieron ver un sueño.

En Hurra descubrí a través de Daniel, (nuestro narrador) que Brooks hace una completa radiografía del duelo y de otras pérdidas que se van dando de forma colateral e incontenible. Pareciera que en algún momento, o quizá durante toda la historia, Dan (como le llaman todos) ha perdido la emoción de la vida o da a entender que simplemente ha sido un pesimista sin remedio desde sus primeros años. Pero los “Hurras” de esta historia no son para Dan exclusivamente, podría decir que son por todas las cosas que le van sucediendo mientras acepta los cambios, por aquellas cosas que afectan a Alan, a sus padres, a una chica nueva y a muchas otras personas que llegan y se van durante ese recorrido que resulta en un huracán de emociones el cual surge justo después de una pérdida trágica e inesperada: la de Ellen, su hermana menor.

El relato no busca encontrarle razones a la muerte, solo busca salir a flote en medio de tanto dolor, rabia y frustración. Dan logra que te conectes con una mezcla de sentimientos tan real que a veces no sabes si te estás leyendo a ti mismo en un universo paralelo, donde bebes cerveza en el desayuno para después salir y darte de puños con personas que no conoces. (Alguien debería preguntarle a Brooks si le gusta Bukowski, solo digo).

Fue inevitable que este libro me recordara mis pérdidas, sobre todo aquellas que nunca imaginé que iba a enfrentar. No es fácil entender por qué asumir el duelo no se ha considerado una etapa más en el crecimiento, como aprender a caminar o saber que ruta de bus te lleva a casa. Si así fuera, el proceso de adaptarse a esos sucesos se llevaría más fácil, sin la absurda necesidad de sentir que todo el mundo da vueltas en medio de un ambiente de impotencia por las palabras que no pudieron decirse a tiempo o por los abrazos que se aplazaron para una "próxima vez" que nunca llegó. No nos preparan para la muerte como nos preparan para ir a la universidad o para conseguir un trabajo, por eso cuando ésta llega y toca la puerta a través de un amigo, un primo, un abuelo o un hermano resulta tan difícil de entender. Me ha costado aún más imaginar todo esto, si alguna de esas pérdidas llegara encarnada como el suicidio de alguien a quien quisiera mucho.

Al leer esta historia no puedo dejar de decir Hurra por Ben Brooks y su forma de ver la belleza y el vacío que queda dentro, después de perder algo que se ama y que está allá, en un altar especial o en una dimensión mejor, rodeado de todas las cosas y los recuerdos dignos de alguien que merecía mucho más que apagarse del universo.

Hurra por el encuentro con un libro bello, crudo, audaz y divertido. Es emocional, absurdo y un poco fuerte. Es una historia personal y al mismo tiempo una historia que puede reflejar lo que sentimos cuando nos perdemos en medio del dolor y queremos olvidarlo todo. Hurra por las referencias a una vida común en medio de un ambiente convulsionado y lleno de metáforas un tanto psicópatas, que resultan graciosas al mismo tiempo. Hurra por Ben Brooks, quien podrá ser muy joven, pero va a romper esquemas en la literatura (o quizá ya lo está consiguiendo), pues no considero que este sea un libro exclusivo para lectores jóvenes, es una historia para quienes en algún momento necesitamos o buscamos una dosis de realidad.

Un último Hurra porque me atreví a leerlo aún sabiendo que contiene una buena y poderosa dosis de locura, otras cuantas inyecciones de cinismo y bastantes píldoras de decadencia; pero que con su narrativa, hace ver el relato tan natural y personal, que son más las ocasiones en las que encuentras el sarcasmo divertido que aquellas en las que puedes apreciar la tragedia.
              

"No lo sé. ¿Sí? ¿Estoy paranoico? No creo que esté paranoico. Es una conclusión razonable. Es razonable porque soy el trozo de carne más imbécil que ha salido nunca de un útero y ella es la única persona que merece el sabor del té, la existencia de los perros y la sensación de ver llover desde una caravana." - (Un Hurra por Saskia).

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