Reseña: Leaving Neverland (Documental - Dan Reed)
¿Por qué hago una reseña sobre un documental y no sobre un libro?
Robson, Reed y Safechuck para HBO
No pretendo contestar esa pregunta ahora, estoy segura que me la voy a repetir constantemente durante algunos días o quizás meses; la razón es sencilla: el golpe que produjo este documental en mi interior fue tan duro, que retumbará en mí por largo tiempo.
Hace pocos días vi la transmisión de HBO con un nuevo documental de Dan Reed (cineasta británico) llamado Leaving Neverland, que tiene como protagonistas a Wade Robson y James Safechuck, dos hombres que de acuerdo a su testimonio, hace veinte años fueron muy cercanos al astro de la música Michael Jackson y cuentan sin temor a errar ni a que les juzguen, su experiencia con los repetidos abusos sexuales por parte del cantante, cuando aún eran unos niños.
Si no han escuchado sobre este documental, es posible que en las próximas semanas encuentren unos cuantos artículos que andan circulando en la web y las redes sociales, muchos de ellos haciendo un análisis de cómo el trabajo de Reed ha producido una fuerte y discutida división entorno a la imagen y el legado de Jackson, y sin evitarlo ha logrado que un inmenso grupo de fans se divida en dos: los que apoyan el legado y la vida de Michael alegando que todo son mentiras por parte de Robson y Safechuck, y los que cuestionan y reprueban el proceder del cantante, quien en su momento salió victorioso frente a las denuncias presentadas en su contra por otros menores de edad y sus padres, cuando aún vivía.
Leaving Neverland no es sólo un documental, es un portón gigantesco que se abre a un camino lleno de dolor y angustia tanto para sus relatores como para quienes lo hemos visto. Ese camino es una herramienta para entender desde la perspectiva de las víctimas, el abuso sexual a menores de edad; poniendo sobre la mesa muchos temas a los que algunos no habíamos dado importancia y tal vez muchos admiradores de Michael no quisimos ver a pesar de estar ahí latentes y tan evidentes.
Durante el relato de estos dos hombres, que debo decir son tremendamente valientes, se encuentran detallados no solo los abusos perpetrados por Michael sino todo el proceso en el cual se ganó la confianza de los pequeños y la confianza de sus padres, sus hermanos, abuelos, tíos, amigos vecinos y demás involucrados; se detalla una habilidad seductora que solamente podía concebirse en una película a través de un personaje de ficción y no en una de las estrellas de la música más grande de todos los tiempos.
Y es precisamente eso, durante todo el documental no se cuestiona la grandeza de Jackson como artista, pero si la contrasta con la forma en que él veía y vivía su vida y sus anhelos, refugiándose a si mismo y convenciendo a los demás en el hecho de "no tener amigos" lo que generaba lástima en su público y cuando fue debido, en los agentes de la justicia que lo llamó a rendir cuentas. Pero no solo es un relato, pone de manifiesto el "grooming" como una técnica eficaz que desde siempre ha estado a la mano de abusadores y pedófilos para conseguir su objetivo, es una forma efectiva de generar confianza, y en este punto por favor respondan en voz alta, ¿quién en principio no quería ser amigo de Michael Jackson? sí, por allá en 1986 o 1990 cuando estaba en la cúspide de su carrera y en los corazones de millones de personas.
Quienes me conocen hace tiempo saben lo mucho que admiraba a Michael Jackson. Cuando era pequeña me asombraba la capacidad que tenía para transportarte con su música a un mundo fantástico, un lugar donde todo impresionaba y al mismo tiempo te ponía a bailar y cantar; era un estado de felicidad inconfundible y me sentía embriagada de una magia inigualable. Seguramente ese efecto embriagador duró en mi mucho tiempo después cuando empezaron a circular en los noticieros los alegatos sobre abusos sexuales y probablemente no solamente era yo, muchos creímos en algún momento en su inocencia o en que eran solo exageraciones, pues ¿qué padre o madre acepta dinero si su hijo ha sido abusado sexualmente? No tenía sentido, Michael siempre salía victorioso y presuntamente inocente.
No se trata solamente de bajar al mismo nivel en que se encuentran las personas perversas a aquellos a quienes admiras, se trata de creer o no, pues como todos sabemos hoy no hay pruebas sino testimonios. La historia de Wade Robson y James Safechuck no me ha dejado indiferente, me ha hecho creer, me ha llenado de coraje, de rabia, de dolor y posiblemente de argumentos para que la imagen y el legado que Michael Jackson había dejado en mí se disolvieran poco a poco. Me ha hecho cuestionarme por qué caemos en el letargo de querer justificar a los victimarios y no entender el silencio de sus víctimas y me hizo querer saber más del abuso pero desde el punto en que todos deberíamos converger: el de los Wade o los James que están dispuestos a contar su historia.
Sí es posible entender a las víctimas y abrazar su dolor, sí es posible creer que nadie fuera lo suficientemente astuto y suspicaz para evitar los abusos, sí es posible imaginar que un niño de siete años pueda enamorarse de un hombre de treinta y cuatro y mover su vida alrededor de ese amor durante décadas, sí es posible creer que lo reprochable ocurre a diario frente a los ojos de miles de personas sin que puedan evidenciar horror o manipulación; las posibilidades son muchas, la decisión es solo una: creer o no que haya sucedido.
El documental ha resultado tan convincente que algunos países como Nueva Zelanda han dejado de transmitir la música de Michael Jackson en sus cadenas radiales; ha calado tan profundamente en la industria que la casa de moda Louis Vuitton ha decidido eliminar la última colección que hacía referencia a la estrella del pop; ha sido tan polémico y crudo que la cadena de televisión FOX ha decidido eliminar uno de los capítulos más emblemáticos de Los Simpson solo por incluir la voz del artista. Leaving Neverland ha generado un efecto colateral como reacción al documental que todavía cuesta creer que muchos no hayan dado crédito a lo que ahí se relata, porque lo que sí es un hecho es que al romper el silencio, muchas otras cosas se rompieron a su alrededor.
Al verlo no logras contestar preguntas tan comunes como: ¿es posible que nadie se diera cuenta?, ¿cómo los padres de esos chicos han permitido que suceda?, ¿estaban todos locos dejando que un niño durmiera con un hombre adulto?. Pero a cambio te formulas otras: ¿Era Jackson un megalómano que conseguía todo lo que quería?, ¿dónde están los límites del deseo?, ¿qué sucede cuando un niño se enamora de su victimario?, estas y otras que no logré escribir antes que abandonaran mi memoria.
Son cuatro horas no aptas para cardíacos. Son cuatro horas de dolor, de sangre fría, de los espeluznante y lo inconcebible. Son cuatro horas reveladoras.

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